
Podría vestirse con bolsas arpilleras, podría bañarse con barro, perfumarse con estiércol de gallina, podría peinarse con una rama y maquillarse con cenizas…y ¡seria bella! Una de las más bonitas flores que haya visto… podría llorar, reir, dormir, gritar, cantar o solo permanecer en silencio con su mirada perdida y aun así solo con verla me divertiría. Sin embargo cuando el tigre pretende ser liebre y el loro pretende ser gacela…mis ideas se confunden y ya no me parece tan bella. Cuando su cuerpo se enmudece, cuando su sonrisa se entristece y sus ojos ya no brillan, no tiene caso que la mire.
Pero de vez en cuando, entre esas persianas de soldados que interpone a su paso, de vez en cuando entre esas rejas impenetrables de su rostro; se escapan pequeños destellos, hilitos de luz que alumbran esa frágil figura de un secreto muy bien guardado, esas ganas olvidadas que querer volar lejos, de esos miedos, de esas risas contenidas en llano, alumbran las lagrimas de eso que duele tanto… ¡¿Y cómo no admirarla?! En su frágil harmonía, en la inmensa hermosura de la debilidad… Porque cuando duele, siente y cuando siente gusta más, porque uno aprende amarla de tanto que la va regar y en el instante en que se va quebrar se me rompe el corazón de ternura por quererla salvar… Mi flor, allá…en su jardín, muy lejos de mí (aunque yo también la prefiera así) que en su modestia¿Cómo no quererla soberbia me hace llorar si cuando ríe, con el alma, no deja de brillar?