
Esta siempre ahí, esperando para adornar con su abrazo nuestra rutina. Esta en el café con leche caliente de los inviernos, con tostadas y medialunas. En las copas de los árboles que pareciesen burlarse de las travesuras que juega agosto con nuestros cabellos y papeles. Esta siempre en cada flor, que en su arrogante elegancia deja ver esta beta de irresistible fragilidad; en la sonrisa de los niños, que sobre los hombros de su madre se asoman para encontrar nuestra perdida y preocupada mirada, que sin pensarlo ni objetarlo, no nos dejan otra opción más que...la de sonreir con ellos; en ese perro que moviendo la cola nos acompaña hasta casa como un angel de cuatro patas, sabiendo aún que no queda mas espacio para un peludo amigo en nuetro hogar. Esta en el viento que se escurre en la ventanilla para estirarnos una sonrisa; en la brisa suave que baña las sombras en las siestas de verano; en esa bicicleta que podía llevarme a conocer el mundo; en el 10 de mátematicas. Esta en la comida y la bolsita de agua caliente de los crudos inviernos...que nos llenan de la tibia ternura de un hogar sin penumbras; en las tardes de rulemanes, casitas de madera y leche chocolatada. También esta en el auto de papá, ese que limpia todos los domingos; en el asado sobre el mantel y la ensalada rusa de Navidad; esta en las lagrimas de aquel juguete que no me quicieron comprar y en ese amor que se fue y no volverá. Esta conmigo y al final del camino; esta en el aire que respiro, en tu mirada cuando te callas, en un te quiero sincero. Esta siempre viendonos de lejos y mirandonos de cerca; en los abrazos que te dí y en los que perdí; en la canción que me hizo llorar y la que me puso a bailar. Esta en esas manos llenas de barro, esta en la sangre que hierve, esta en los pies que no huyen y en los puños que se rinden. Esta en mi boca que se cierra para escuchar tus lagrimas y esta en mis brazos que se abren para atajar tu caída. Ella esta...y no nos deja solos, la felicidad.